“A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” — Romanos 8:28
Hay momentos en la vida en los que las circunstancias negativas parecen tener mas fuerza que las promesas que hemos recibido de la palabra de Dios. Las noticias, los diagnósticos, las deudas o las incertidumbres pueden intentar robarnos la paz. Sin embargo, la esperanza bíblica no está basada en lo que vemos, sino en Aquel en quien creemos.
Confiar en Dios no significa negar la realidad; significa reconocer que hay una realidad mayor: Dios sigue en el trono. Cuando ponemos nuestra confianza en Él, declaramos que su poder es más grande que nuestro problema, que su plan es más sabio que nuestra preocupación y que su amor es más firme que cualquier tormenta.
La Biblia nos recuerda en Proverbios 3:5: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia.” Nuestra mente quiere entenderlo todo, pero la fe descansa aun cuando no comprende completamente.
Mantener la esperanza es una decisión diaria. Es levantarnos cada mañana y decir: “Señor, no sé cómo lo harás, pero sé que Tú obrarás en tu perfecto voluntad y soberanía”
La esperanza en Dios produce paz en medio del caos, firmeza en medio del viento y luz en medio de la oscuridad. No significa que no habrá pruebas, pero sí significa que no caminamos solos. Dios transforma procesos en propósito y pruebas en testimonios.
Si hoy estás atravesando un momento difícil, recuerda que: Dios no ha terminado contigo. Él está trabajando detrás de escena. Lo que hoy parece incierto, mañana será parte del testimonio de su fidelidad.
Kenneth Madriz