En tiempos de peregrinaje del pueblo de Israel, los israelitas caminaban largas distancias desde sus aldeas y ciudades hasta llegar a los montes de Jerusalén, era un camino peligroso, empinado, con mucha incertidumbre, animales salvajes, riesgos físicos de deshidratación y asaltantes dispuestos a arrebatarles todo cuanto llevaban, no era un camino fácil. El Salmo 121 fue escrito en este contexto de peregrinación mientras subían a Jerusalén, por eso es un cántico de ascenso o gradual. Aunque los montes eran considerados lugares seguros, el salmista pregunta, “será que de esos montes viene mi ayuda?” Es fácil desviar nuestra mirada en tiempos de dificultad o inseguridad. Si estás atravesando una situación o temporada complicada, te invito a volver tus ojos y confianza al Dios que hizo los cielos y la tierra.
“Levanto la vista hacia las montañas; ¿viene de allí mi ayuda? ¡Mi ayuda viene del Señor, quien hizo el cielo y la tierra! Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá. En efecto, el que cuida a Israel nunca duerme ni se adormece. ¡El Señor mismo te cuida! El Señor está a tu lado como tu sombra protectora. El sol no te hará daño durante el día, ni la luna durante la noche. El Señor te libra de todo mal y cuida tu vida. El Señor te protege al entrar y al salir, ahora y para siempre. Salmos 121
“Dichosos los que confían en el Dios de Jacob, los que cuentan con la ayuda de Dios, el Señor! El Señor creó los cielos y la tierra, y el mar y todos los seres que contiene. El Señor siempre cumple su palabra; hace justicia a los oprimidos, y da de comer a los que tienen hambre.” Salmos 146
Kenneth Madriz